martes, 13 de marzo de 2012

Judy Chicago, pionera del arte feminista

Probablemente Judy Chicago (Chicago, Estados Unidos, 1939), sea la primera mujer artista a la que se haya etiquetado como artista feminista toda vez que ella fue una de las primeras mujeres en reivindicar la historia de las mujeres y el rechazo a esquemas culturales de raíz patriarcal construidos para mantener a la mujer en una posición secundaria en relación al hombre. De hecho esta artista va a ser la primera en desarrollar un programa de arte feminista en los Estados Unidos, concretamente en la Universidad Estatal de California.

Ese es uno de los hitos en la carrera de una artista que ya a los tres años recibía clases de dibujo y a los cinco tenía absolutamente claro que lo que quería hacer en la vida era vivir del arte. Esa fue la motivación que la va a llevar primero al Art Institute de Chicago y luego a la Universidad de UCLA.

La relación entre arte y política visible en la obra de Chicago a lo largo de los años, tiene su punto de arranque en la figura de su padre, un rabino de izquierdas, militante del Partido Comunista de los Estados Unidos, y un hombre muy sensibilizado acerca de los derechos de la mujer y de los trabajadores. Esa militancia política va a traer muchos problemas a la familia en los años 40 y 50, especialmente durante la época del macartismo.


Otros momentos personales de especial intensidad emocional van a tener su reflejo en las formas artísticas de Chicago. El primero será el fallecimiento de su primer marido y, años más tarde, el de su hermano y madre. Ya viuda, nuestra protagonista decidió dejar de utilizar el apellido familiar y el de su marido, en una búsqueda de su identidad como mujer y como artista, más allá de unas denominaciones que vienen dadas por herencia, por matrimonio y, en última instancia, por convenciones sociales.


Después del fallecimiento de su marido, Chicago se embarcó en la creación de una serie de obras de arte abstractas en las que es posible reconocer órganos sexuales tanto masculinos como femeninos, tomando como motivación los roles diferenciados según sexo y la construcción de las respectivas identidades.


Ya en los años 70, cuando el movimiento feminista esté cogiendo auge, Chicago trabajará durante varios años, concretamente entre 1974 y 1979, con la ayuda de algunos cientos de voluntarios, en la impresionante The Dinner Party, una reinterpretación de la Última Cena con un claro trasfondo feminista. Así, utilizó una estructura de triángulo equilátero para la mesa, forma que remite a la igualdad entre todos, además de remitir a las representaciones antiguas de la vulva femenina.


La mesa está preparada para acoger a 39 comensales, todos ellos mujeres, y cada una con un sitio reservado con su nombre. Se trata de nombres de mujeres artistas, diosas, activistas y mártires. La mesa se apoya en una base de azulejos pulidos en los que se escriben, con letras doradas, otros 999 nombres de mujeres. El hecho de colocar 13 comensales por lado tampoco es casual, sino que alude por un lado al número de personas presentes en la Última Cena y, por otro, al número que en la Edad Media se consideraba que formaban parte de las comunidades de brujas.

La maternidad será otro de los temas a los que Chicago dedique otra de sus obras de mayor relevancia. Se trata de The Birth Project (1980-1985), una obra que busca exaltar el papel femenino de la maternidad negado en la creación del mundo según la narración del Génesis, en el que se cuenta que Dios creó a Adán de la nada, algo que Chicago considera como una negación del papel fundamental que tiene la mujer en el desarrollo de la humanidad. Son en total un centenar de paneles a través de los cuales explora la construcción del concepto de lo masculino y como los roles de poder han afectado a los hombres.

Ese trabajo empezó a cobrar forma después del fallecimiento de su hermano y de su madre, y se puede ver como un homenaje, un sentido recuerdo a la figura materna y a la importancia simbólica y real que tenía y tiene la maternidad en las sociedades tradicionales.

The Holocaust Project está formado por dieciséis obras de gran formato, en las que, como es habitual en la obra de Judy Chicago se combinan diferentes técnicas artísticas, supone la revisión de su pasado como judía, de la historia de su pueblo, espacialmente de la Shoah, que es como los judíos aluden a la barbarie de los campos de concentración nazis, y que Chicago fusiona con la matanzas sufridas por los indios americanos a manos de los blancos, la guerra de Vietnam, fusión que no fue bien comprendida por la comunidad judía norteamericana, lo que no impide que estemos ante una obra poderosa y de profundo significado.


De las primeras obras minimalistas, a las que entran en el terreno de lo conceptual, las performances a las obras de gran formato en las que cabe la pintura, la escultura, el dibujo, el grabado, la pintura china y otras técnicas muy relacionadas con el papel tradicional de lo femenino como pueden ser la cerámica, el tejido o el punto, lo que Judy Chicago pone de manifiesto es un compromiso inquebrantable con sus ideas, con la defensa a ultranza de los derechos de las mujeres.


En definitiva, se trata de estudiar y de conocer los roles de hombres y de mujeres, conocer los mecanismos que se esconden detrás de esas construcciones culturales para, desde ahí, crear una identidad propia femenina, una teoría crítica con los modelos imperantes para hacer un camino que lleve a las mujeres a superar esos roles y encontrar su verdadera personalidad, su auténtico lugar en el mundo, en este caso a través del arte y del discurso ideológico, simbólico y concreto subyacente en toda su obra.

4 comentarios:

enletrasarte(Omar) dijo...

una entrega excelente, ilustrativa
saludos

PACO HIDALGO dijo...

Sus propuestas me parecen muy interesantes; sabía poco de ella, pero me gustan sus obras abstractas y su compromiso con el feminismo. Un abrazo, Alfredo.

Natàlia Tàrraco dijo...

La mujer en el arte ha estado olvidada pero presente, Artemisa por ejemplo, y su Holofernes, una de las obras más impactantes y violentas ¿insinuación de una venganza femenina por parte de Judit? A veces me lo parece, el rostro, la saña.
Esta otra Judy, siglos después, tiene connotaciones de grafista, simbólicas, religiosas, sexuales, y esa cena no será la última, pero me gustaría haber conocido a las invitadas. Militancia feminista, es lógica, es necesaria, pero demuestra que tenemos que singularizarnos siendo mujeres ¿artistas femeninas o artistas?
Besitos Alfredo, espero tus nuevas.

Alfredo dijo...

OMAR: Gracias. La obra de Chicago es realmente interesante y capaz de abrir y despejar dudas.

Un saludo!!

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PACO: Sin duda estamos ante una artista comprometida, con una obra de mensaje social y político de calado muy metido en la corriente feminista.

Un abrazo!!

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NATALIA: Creo que cuando hablamos de artistas tenemos que hablar de eso, de artistas, de si su obra alcanza determinados niveles o si no lo hace, independientemente de que sean hombres o mujeres. Aunque también es cierto que dentro del arte contemporáneo, digamos de los años 60 del pasado siglo hacia acá y especialmente en este siglo XXI, la mayor parte de mis artistas favoritos son mujeres, pero por su potencia creativa, no por su sexo.

De momento no tengo más noticias concretas. En cuanto las tenga te las hago llegar :)

Un beso!!