miércoles, 28 de marzo de 2012

El agujero de Helmand (Carlos Fidalgo, Menoscuarto Ediciones, 2011)


La torturada geografía de un no menos torturado Afganistán, un país imposible, tumba de multitud de ejércitos que a lo largo de los siglos intentaron dominarlo sin terminar de conseguirlo nunca ninguno, es el espacio en el que se mueve un pelotón de marines de los Estados Unidos encargados de mantener un peñasco al que llaman La Roca.

Una roca desde la que dominan, visualmente hablando, el serpentear de un río condenado a no encontrar nunca el mar, mientras el viento, el polvo y la arena son los amos de un paisaje desolado, de una tierra inmisericorde que guarda más esqueletos de la historia que ningún otro país.

Polvo, sudor y muerte se dan cita en esta novela de apenas cien páginas, ganadora del periodista del Diario de León Carlos Fidalgo y galardonada con el Premio Tristana 2010. Una novela precisa como el disparo de un francotirador, con frases que salen disparadas como ráfagas de las armas automáticas de unos estadounidenses en medio de un país hostil, un lugar que no comprenden y en el que más que extranjeros son el enemigo.

Unas tierras duras que mantienen la memoria de Alejandro Magno y sus intentos de llegar al océano del que le había hablado su maestro, de los rusos que vivieron su Vietnam particular y de los estadounidenses presencia ultramoderna estrellada en los mismos villorrios espectadores mudos (el silencio es una clave importante de la novela) del desastre de los ejércitos más poderosos.

Geografía inmisericorde en el que el tiempo tiene sus propias reglas, su propio devenir capaz de atraer con particulares cantos de sirena a aquellos humanos ajenos a ella y el misterio se cierne sobre los páramos mientras el tiempo entra en una espiral capaz de absorberlo todo y devolver únicamente los restos del naufragio.

“Las guardias en La Roca duran dos meses. Dos meses largos. Durante ese tiempo, un mismo pelotón se encarga de otear el horizonte, día y noche, y es lo único que tiene que hacer. Sé que antes o después nos va a tocar a nosotros. Lo sé desde que encontramos el cementerio. Pero después de la emboscada, empiezo a pensar que quizá no sea tan malo”. 

3 comentarios:

PACO HIDALGO dijo...

Importante aportación al estudio de una tierra tan inhóspita en apariencia como Afganistán. Gracias por dar a conocer esta propuesta. Saludos.

Balamgo dijo...

Magnífica propuesta literaria.
He estado alga alejado esta semana del blog, pero el recuentro ha sido espléndido.
Saludos.

Alfredo dijo...

PACO: Novela corta e intensa en un escenario tan duro e inhóspito como es Afganistán, un país amargado por las continuas guerras.

Un saludo!!

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BALAMGO: Creo yo que merece la pena echarle un vistazo a esta novela corta pero intensa.

Un abrazo!!