miércoles, 13 de octubre de 2010

Aynur Dogan, música nacida para romper prejuicios



El pueblo kurdo reúne a alrededor de 25 millones de personas que viven a caballo entre Turquía, Siria, Irán e Iraq fundamentalmente, lo que les convierte en el pueblo sin estado con más personas del mundo. Hay kurdos de religión musulmana, pero también los hay judíos y cristianos, y además hablan distintos dialectos, lo que le convierte en un pueblo de enorme complejidad y que no tiene fáciles relaciones con sus vecinos en los países en los que viven, y a lo largo de su historia las guerras y persecuciones han sido continuas.

A un pueblo tan diverso probablemente la única forma de cohesionarlo, teniendo en cuenta la dispersión geográfica, sea a través de la cultura en general y de la música en particular, contexto en el que figuras como la de Aynur Dogan cobran un protagonismo fundamental.

Y es que a sus 35 años esta mujer se ha convertido en uno de los referentes culturales del pueblo kurdo, y no sólo eso sino que además ha llevado su música a un público más amplio, a un público en el que se incluye el turco y otras audiencias occidentales que han descubierto a través de la voz de esta mujer, toda la riqueza de la tradición oral kurda.

En esas historias que se han transmitido a lo largo de los siglos a través de la palabra, está el punto fundamental de inspiración de Aynur Dogan, a lo que une otras músicas como la de John Coltrane, Mary Boine o Tracey Chapman, como ella misma reconocía en el periódico norteamericano San Francisco Chronicle. Son canciones en las que la mujer tiene un papel preponderante, protagonista de historias muchas de ellas de amores que no se culminan, tal vez como la propia trayectoria de su pueblo.



La familia de Aynur se trasladó desde el sudoeste del país a la capital en el año 1992, para escapar de los conflictos entre el ejército turco y los guerrilleros del PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán), y en Estambul empezará a estudiar baglama, una especie de laúd turco, y con él empezó a interpretar las canciones de su tradición, esas que hablan de leyendas, epopeyas, de paisajes áridos de montañas y estepas habitadas por los kurdos desde tiempos inmemoriales.

Años difíciles en los que las autoridades turcas no permitían que los kurdos utilizaran su lengua, prohibición que sirvió de acicate a Aynur quien vio como un tribunal provincial prohibía su disco Keçe Kurdan (2004), al considerar que las letras de sus canciones “incitan a las mujeres a tomar las colinas y promueve la división”. Eso no paró a Aynur quien empezó a tocar con algunos músicos turcos ya desde su primer trabajo, Seyir (2002).

Fue la primera cantante kurda en aparecer en la banda sonora de una película turca rodada en Turquía, fue en Gönul Yarasi de Yavuz Turgul, y aparecerá después en el documental rodado por Fatih Akin Crossing the bridge: The sound of Istanbul (Cruzando el puente: El sonido de Estambul).


Sus melodías cuentan historias áridas, de amor, celos, emigración y en diferentes dialectos kurdos además del turco. Y es que Aynur explica que no quiere hacer política con su música, que lo que quiere es hacer llegar a una audiencia internacional un mensaje de paz y de amor, un amor que en ocasiones es desesperado y teñido de tristeza y añoranza. “Es una sociedad que ha tenido difícil vivir sus amores”, dice Aynur a Patricio Otero.

Mestizaje de lenguas que se extiende a la música en la que conviven los instrumentos tradicionales con guitarras eléctricas y sintetizadores, para una música que habla de emociones. Y es que como dice Aynur: “tenemos que empezar a sentirnos como humanos para poder ser humanos”. Su música puede ser un buen punto de comienzo para recorrer ese intrincado camino.

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