jueves, 28 de agosto de 2008

Tracey Emin (Londres, 1963)


“Los demás artistas son bastante convencionales comparados con ella, van a lo seguro. La gente la subestima, pero su montaje es una composición muy hermosa.” Matthew Collins.

“Este absurdo atormentado no puede continuar. Antes me conmovían tus historias, pero te has convertido en un aburrimiento. Tu arte es tan cerrado y predecible. No hay nada que ver en tu trabajo más que tú, tus cambios de humor, tu sentimentalismo y tu nostalgia.” Adrian Searle.

He querido empezar este comentario con dos opiniones contrapuestas de sendos críticos de arte británicos, acerca de la obra de esta controvertida artista que inició su carrera bajo al etiqueta de YBA’s (Young British Artists, Jóvenes Artistas Británicos), creada por el gobierno de las islas para promocionar a artistas noveles algo que han conseguido con gran éxito, y en la que también están incluidos Damien Hirst, los hermanos Chapman o Sam Taylor Wood.


Probablemente la obra por la que es más conocida Emin es por My bed (Mi cama), instalación que presentó en el año 1999 al premio Turner (que no ganó), en la que mostraba su propia cama después de pasarse 15 días metida en ella, borracha después de sufrir un aborto. Allí aparecían dos botellas de vodka, una de zumo, pañuelos de papel usados, condones, un cenicero lleno de colillas, tampones, un oso de peluche, entre otras muchas. Sobre la cama aparecía un letrero luminoso que decía: “Cada parte de mí está sangrando”. Y es que la obra de Emin es difícilmente comprensible si no se conoce algo de su trayectoria vital: su abandono temprano del colegio, la pérdida de su virginidad a los 13 años en el transcurso de una violación, sus abortos…


Una obra que habla de la incomunicación, de la desesperación, de la necesidad de comunicación, y de ahí que en muchas de sus obras introduzca mensajes escritos, como en aquel neón que decía: “Fantastic to feel beautiful again” (Es fantástico sentirse guapa otra vez). Su obra da la apariencia de tener mucho de catártica, de sublimación de los sentimientos, de un ponerse cara a cara con lo más vulgar y humillante de su existencia.

Piezas que también giran en torno al recuerdo, a la memoria, un mundo en el que parece que sólo encuentra desolación. En Everyone I have ever sleep with from 1963-1995 (Personas con las que me he acostado entre 1963 y 1995), levanta una tienda de campaña, cuyo interior estaba forrado con los nombres, formados por coloristas letras recortadas, de todas aquellas personas con las que alguna vez había compartido cama, también en el sentido sexual. Amigos, familiares, se hermano mellizo, ella misma, sus dos abortos, sus múltiples amantes, en un ejercicio de desnudez de su intimidad y también física. Y es que mostrar los detalles de su vida privada es una de sus señas de identidad.


En sus inicios en el mundo del arte, después de estudiar pintura en el Royal College of Art, estaba fuertemente influida por la obra de Edvard Munch y de Egon Schiele, aunque todas las pinturas de esa época fueron destruidas por la propia artista, y sólo las podemos conocer por algunas fotografías tomadas por Emin y que aparecen en algunas de sus obras. En 1995, montó su propio museo en Londres, donde expuso el video autobiográfico Why I didn’t become a dancer (Por qué no me convertí en bailarina).

Y cierro con la propia Tracey Emin: “Para mí, ser artista no es sólo hacer cosas bonitas o que la gente te dé palmaditas en la espalda; es una especie de comunicación, un mensaje”

7 comentarios:

CASANDRA dijo...

No me agrada lo que veo. No resulta agradable a la vista. PERO CUANTO ME AGRADA LO QUE SIENTO. Se siente que sangra, como muchos muchas veces por mucho más o mucho menos de lo que parece ser su vida. Debe ser conmovedor estar cerca de sus obras, un poco (salvando todas las distancias y "burradas" que puedo estar diciendo) me recordó de inmediato a Frida Kalo. Esa herida abierta y sangrante del artista en un exhibisionismo catártico de su dolor. Como siempre tu comentario: DE MAS!!! Un abrazo bien temprano de este lado del Plata. (no tantos por los objetos sino por el desorden, los alrededores de mi cama pueden mostrar un aspecto similar después de una gripe...jajaja)

Alfredo dijo...

Casi podríamos hablar de un realismo sucio, de esa otra parte de la vida personal que no tiene nada que ver con lo maravilloso, sino con la suciedad, el dolor (físico y mental), la confusión... No es descabellado encontrar puntos en común con la obra de Frida, muy relacionada con su inmenso dolor físico y también emocional.

Abrazos!!

Mila-mores dijo...

No la conocía, pero me ha impresionado, esa impresión que uno se lleva por la facilidad con la que transmite sentimientos puros; y digo puros en el sentido de no intentar disfrazar nada.... ni siempre es lo más agradable, en este caso para ver, pero su obra resulta maravillosa por el realismo del dolor, de lo "normal" y cotidiano en el sufrimiento, que no es ajeno a nadie.
Vuelvo después de tanto tiempo. Un gran abrazo a la distancia
Mila

Alfredo dijo...

Una obra la de esta artista totalmente autoreferencial, basada en sus vivencias de todo tipo. Habrá que seguir su evolución a ver que puede dar en los años sucesivos.

Gracias por volver por aquí.

Un abrazo!!

Mafalda dijo...

hay un regalito en mi blog para tí!!! besitos

Monik dijo...

Esto es arte y lo demás son ñoñerías...Por cierto...podrías ponerte en contacto con ella y decirle que donde puedo conseguir la camiseta que lleva? :P

Besitos!!

Fuga dijo...

Ya pasé por aquí el otro día y me fuí sin decir nada por aquello de :
Si tus palabras no son más bellas que tu silencio, más vale que te calles. ( Proverbio chino)
Para mí el Arte es otra cosa, quizá tenga una opinión muy clásica o no entiendo, o no me gusta ;-)

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Por favor, creo que Frida está a años luz, con todos mis respetos hacia otras opiniones.

Abrazos.