viernes, 4 de julio de 2008

Donna Hightower, del Sur profundo a los altares del jazz.



Stormy Weather

En julio de 2006, la localidad madrileña de Collado Villalba, organizó un homenaje a esta vocalista norteamericana que vivió en nuestro país durante unos 30 años, dentro del Festival Vía Jazz, en lo que fue la segunda actuación de Donna Hightower en España desde que lo dejara en los años 90 para regresar a los Estados Unidos. Antes había estado en el homenaje que se había tributado en el Auditorio Nacional de Madrid, al excelente saxofonista Pedro Iturralde en el Festival de Vitoria de 1987.

La historia de esta cantante, nacida un 28 de diciembre de 1926 en Cathersville (Missouri), empieza en un hogar en el que su padre era profesor de música, y en el que la radio fue la primera maestra que tuvo Donna, quien a los 10 años ya cantaba gospel en la iglesia de su barrio (actividad que aún mantiene, ya que todos los domingos se la puede oír cantar en el coro de su parroquia de la ciudad tejana de Austin, en la que reside). Por aquel viejo aparato salían las voces de cantantes de country, jazz, blues, gospel…

Admiraba a gente como Bessie Smith, Ella Fitzgerald, una joven llamada Sarah Vaugham, o Billie Holliday, entre otros, además, claro, de la diva Dinah Washington, una cantante de la que se sabía todo el repertorio, y que todavía estaba lejos de imaginar la importancia inesperada que iba a tener en el inicio de su carrera. Pero antes de eso, el primer paso lo dio cuando decide trasladarse a Nueva York en la segunda mitad de los 50, donde consigue un trabajo en la cocina de un restaurante de Manhattan. Allí, para aligerar la engorrosa tarea de lavar los platos, canta, y en 1958 un productor del sello Capitol la oye y le dejó su tarjeta.

Al hablar con él, Donna se tira el farol de que tiene una maqueta grabada, lo que despierta el interés del ejecutivo de Capitol, y le pide que se la lleve pues tiene interés en escucharla. Ni corta ni perezosa, Donna consigue convencer a un trío con el que cantaba en sus días libres en un local de Harlem, para grabar una maqueta con media docena de temas, con la que Donna se presentó en la discográfica. Allí dejó la maqueta, aunque no se pudo entrevistar con el ejecutivo que la había escuchado, al no encontrarse en su oficina.



I've Got You Under My Skin

Sin muchas esperanzas, Donna vuelve a su rutina diaria, hasta que un día la despierta una llamada del ejecutivo en cuestión ofreciéndole la posibilidad de grabar un disco, que llevaría por título Take one. ¿Qué es lo que había ocurrido para que el olvido se trocara de pronto en una oferta discográfica? Pues nada más y nada menos, que la gran Dinnah Washington había dado plantón al sello Capitol, cuando la compañía ya tenía reunidos a una nómina de músicos impresionantes en el estudio para empezar la grabación del que debía de ser el mejor disco de la diva, como le dijo el productor. Pero Dinnah era mucha Dinnah, y ya nadie se extrañaba de los retrasos, desplantes, resacas de la Washington.

En ese momento se enciende la bombilla, y el productor recuerda haber escuchado la maqueta de Donna, quien a la sazón tiene una voz muy similar a la de Dinnah, y la llama para que ese mismo día se meta en el estudio para grabar el que será su primer disco y el salto a la fama. Allí la esperaban la banda que había reunido el saxo alto Benny Carter, y que estaba formada por el saxo tenor Ben Webster, el trompetista Joe Wilder, el pianista Hank Jones, el bajista George Duvivier, el guitarrista Mundell Lowe y el baterista Don Lamond. Vamos, algunos de los músicos más granados del jazz.

Y ahí empezó todo. Después de grabar un segundo disco para Capitol, Gee Baby ain’t good to you, en 1959, se viene a Europa, concretamente a Londres, para cantar con la orquesta de Ted Heath, y luego a París con la de Quince Jones, para actuar en el parisino teatro Olympia. Luego hará giras por Alemania y Francia, hasta que en 1961 llega a España para actuar en el Club de Oficiales de la base americana de Torrejón de Ardoz, y en el club madrileño Whisky Jazz, y así empezará su larga relación con nuestro país que se extenderá hasta los años 90, cantando con todos los grandes músicos de jazz españoles.

Aquí conseguirá un gran éxito con la publicación del tema el Vals de las mariposas, con el asturiano Danny Daniel, del que vendieron cientos de miles de copias, y que elevará su popularidad en España. Eso sin dejar de lado sus continuas giras por Europa donde su voz era y sigue siendo, muy apreciada. Una voz negra, profunda y que ha ido ganando en graves con los años y que sigue conservando una enorme vitalidad, y una forma de dar vida a las letras de las canciones que la convierten en una intérprete única.



Lullabye of Birdland

(Artículo publicado originalmente en la revista digital Alenarte)

6 comentarios:

Monik dijo...

Me encanta esta mujer!! Aunque no la conocía...me la apunto ;)

Besotes!!

Alfredo dijo...

Viendo algunas cosas que has puesto en tu blog sobre voces femeninas del jazz, era bastante probable que te gustara esta. Una voz de esas que llegan y emocionan.

Abrazotes!!

Jesús dijo...

Tengo que comprar un tocadiscos de vinilos, en los antiguos discos es donde mejor suenan estas cantantes

Alfredo dijo...

JESÚS: También hay grabaciones en CD que respetan el sonido original de los discos y que están muy bien.

DADÂ dijo...

hola, ya hacía tiempo q no venia por aqui, me encanta el jazz, pero en esta ocacion creo que me quedo con billy holiday y yo tambien creo que en un tocadiscos es fantastica esta musica.

tendre que comprarle la aguja al tocadiscos...

saludos

Alfredo dijo...

DADA: No son el absoluto excluyentes, aún reconociendo que la sentimiento que transmite la Holliday, probablemente relacionado con la agitada vida que tuvo, es mayor. Dos grandes voces.

Saludos.