miércoles, 2 de enero de 2008

La fiesta de Halloween: el retorno de las costumbres celtas a la vieja Europa

Este artículo lo firmó Manuel Cimadevilla en el periódico La Nueva España el 3/11/07

Hay quien cree que el resurgimiento de la fiesta de Halloween en muchas ciudades de España es un nuevo mimetismo festivo importado de Estados Unidos debido al imperio televisivo, pero realmente la historia no es así. En realidad, lo cierta es que se trata del retorno a Europa de las milenarias tradiciones que los irlandeses llevaron al Nuevo Mundo con sus ancestrales raíces célticas. Desde el establecimiento del calendario gregoriano en el siglo XVI –noventa años después del llamado Descubrimiento de América por Colón–, todos los festejos naturales han sido trastocados sin tener en cuenta las leyes de la naturaleza. Así, por ejemplo, para nuestros antepasados el día primero de noviembre era el fin del ciclo anual, con la llegada del invierno tras la recogida de las cosechas y el principio de una nueva etapa. En el solsticio, como símbolo del tránsito, hay que festejar a todos los santos. Es el día en el que, según las creencias de nuestros antepasados, las tumbas se abrían y se mezclaban los vivos con los muertos.

Siempre hay una explicación en las tradiciones populares. Los druidas dominaban con gran sentido la existencia y sus reglas habían sido calculadas tras el estudio y conocimiento de los movimientos de la Luna. Debido a ello, el calendario establecido por los druidas era lunar de trece meses y de veintiocho días cada uno. Cada mes empezaba en cuarto creciente. El período que iba desde la Luna nueva hasta la Luna llena era el tiempo de las noches luminosas, proclives a la discusión abierta, a la búsqueda de claves para el futuro y el momento de tomar decisiones. Consecuentes con ello, desde el cuarto menguante hasta la nueva Luna se consideraba un período negativo e infecundo en el cual se imponía la reflexión y la meditación.

Los celtas eran politeístas y rendían culto a los fenómenos naturales: al Sol que daba fuerza a las cosechas en las tierras del mítico valle de Riosol y al trueno que advertía de la vivificadora lluvia en los altos del puerto de Tarna. Los árboles eran fundamentales para ellos. Mantenían la creencia ancestral de que eran los árboles los pilares que soportaban el cielo, por eso de ellos hicieron la base de su calendario: trece árboles que florecen cada uno de ellos en el período que le corresponde. Trece árboles para trece meses de 28 días.

Muchos siglos después cuando Hernán Cortés llegó al Nuevo Mundo se asombró al darse cuenta –en contra de la ortodoxia imperante en el Viejo Mundo– de que los aztecas poseían una cultura mucho más avanzada que la de los españoles de entonces. Vivían de los conocimientos de una civilización todavía más desarrollada, la de los toltecas, que descendía a su vez de otra cultura más perfecta, la de los mayas… Los mayas habían fijado la duración exacta del año solar en 365,2420 días… Adviértase que con un error de diez milésimas habían llegado al mismo cálculo que el que fue realizado por los astrónomos europeos en el siglo XVII.

El primer día del año para los celtas era el 1 de noviembre, en el que se conmemoraba la llegada del invierno. El Cristianismo tomó esta costumbre céltica y la transformó en la fiesta de Todos los Santos y de los Difuntos. Y así también cambiaron la medida del tiempo. Hasta entonces si el calendario vigente era el de las trece lunas que establecieron los druidas y conocían los mayas, aquellos saberes eternos fueron erradicados. Desde entonces, el calendario terráqueo fue establecido con una frecuencia de doce meses al año y sesenta minutos cada hora. La Humanidad fue así privada de su organización según el tiempo cósmico con el calendario gregoriano, que fue impuesto en 1583 para quitarles la razón a aquellos "indígenas" a los que la Iglesia católica reconoció como seres humanos tras dos siglos de dudas.

Sin embargo, lo que son las cosas, el calendario de las trece lunas sigue plenamente vigente en el cuerpo de las mujeres y funciona con gran exactitud. Gracias a esa maravillosa tradición oral –superviviente de religiones y de leyes humanas–, todavía se habla de los periodos. Son las reglas, como bien se han llamado siempre. Ajena a las imposiciones matemáticas de la Iglesia católica, la mujer siempre ha llevado las trece lunas dentro de su ser, ya que el ciclo natural de menstruación femenina es de veintiocho días.

La naturaleza siempre está por encima de las leyes que imponen los gobernantes –a veces de forma caprichosa–, en un afán de agobiarnos la existencia con normas coercitivas. En al vida natural está prohibido prohibir y las leyes no están escritas. Nos han trasladado los Carnavales antes del tiempo de la Cuaresma, pero la Nochevieja céltica, la fiesta transgresora del Año Nuevo, es la del 1 de noviembre. Es ahí cuando empieza un nuevo periodo según las leyes de la naturaleza. Lo demás ha sido inventado.

2 comentarios:

elputocriticón dijo...

feliz año a usted también, amigo! creo que la peli que hemos puesto hoy le gustará, ya que la criticó hace tiempo..

saludos!

Milagros Sánchez dijo...

Como bien explicas estos "doctores" de la Iglesia Católica han ido cercenando nuestras verdaderas raices naturales para de esta forma trasgredir el auténtico sentido de la Vida, su Sabiduría, etc. e inculcarnos sus fines "partidistas" e hipócritas.
Pero la Naturaleza tiene sus propias Leyes y jamás el hombre podrá acabar con ellas o cambiarlas.
¡Que tengas un buen año 2008!
Un abrazo.