jueves, 5 de marzo de 2015

Tsuguharu Foujita: El japonés excéntrico de la vanguardia europea


Café.

Probablemente estemos ante el artista de todos aquellos que se reunieron en el París de los años veinte del pasado siglo, que más éxito económico tuvieron en aquel momento. No hay que olvidar que por allí circulaba Man Ray, Picasso, Juan Gris, Modigliani, Léger, Duchamp, entre otros muchos. Tal fue el éxito económico de Foujita (Tokio, 1886 – Zurich, 1968), que su estudio tenía baño propio con agua corriente caliente para envidia de todos sus colegas.

Normandía.

Y no sólo llamaba la atención por su arte, sino también por su forma absolutamente excéntrica de vestir, con un corte de pelo egipcio, una túnica griega, pendientes, un tatuaje, y una pantalla de lámpara a modo de sombrero, aparte de un bigotito que luego sería tristemente famoso por ser el mismo utilizado por Hitler. En fin, lo que se viene dando en llamar todo un personaje.

Interior, mi mujer y yo.

Un éxito en vida que, sin embargo, no le ha garantizado un puesto dentro de la nómina artística de la vanguardia europea de aquellos años a posteriori, ya que se ha convertido en uno de esos artistas semi olvidados, del mismo que lo fue una de sus modelos, la también archifamosa en aquellos años veinte, Kiki de Montparnasse, fallecida en la miseria y olvidada por todos aquellos que la tuvieron como modelo y como amante.

La vida.

El éxito económico de Foujita parece que vino de la mano de un arte nada amenazador, alejado de los presupuestos cubistas, dadaístas y demás, un arte capaz de hacer una síntesis muy particular entre el estilo ukiyo-e japonés y el modernismo europeo, a través de imágenes de desnudos nacarados, de gatos, de jóvenes mujeres con ojos felinos, acabados delicados, y algunos paisajes.

Chica en el campo.

Formado en Tokio, en 1913 se traslada a París para empezar su idilio con la capital francesa, que mantendrá durante casi veinte años más, donde se va a labrar una reputación que le precederá cuando, en 1931, se pase seis años recorriendo Sudamérica, convertido en una celebridad e inaugurando exposiciones visitadas por miles de personas. En México respirará algo de la forma de pintar de Diego Rivera.

Retrato de una joven.

De regreso a su país fue recibido como un artista de prestigio y nombrado pintor de guerra, primero para seguir la guerra contra China y, después de un breve regreso a París y vuelta a Japón ya con los tambores de la guerra resonando en todo el planeta, de la guerra contra occidente. Las pinturas realizadas durante ese periodo fueron rechazadas por unos por considerarlas como fascistas e imperialistas y, por otros, como poco patrióticas, lo que se tradujo en un desencanto vital para Foujita.

Dos gatos.


En 1950 regresará a París y unos años más tarde se convertirá al cristianismo, y un cáncer pondrá fin a su vida en 1968. Las crónicas de su fallecimiento lo definían como uno de los pintores más importantes de su tiempo, sin embargo, ese tiempo, tantas veces inmisericorde, lo llevó a las tinieblas y hoy su figura aparece como desdibujada en medio del paisaje artístico continental, ese que una vez lo elevó a lo más alto.

Más información: Wikipedia [en], Art Experts [en], Departures [en].