jueves, 14 de agosto de 2014

A young doctor’s notebook: expresionismo gore




Los fans de Mad Men y de Harry Potter tienen un atractivo fundamental para ver esta serie, y no es otro que ver a Don Drapper y al mago adolescente juntos en una miniserie de cuatro episodios de media hora de duración cada uno. Ellos dan vida al mismo doctor, uno en los inicios de su andadura médica y otro como médico ya maduro teniendo que dar explicaciones al NKVD de su vida. Corre el año 1934.


La miniserie, que tiene una segunda temporada también de cuatro episodios, está ambientada en un perdido hospital ruso en alguna parte de una estepa interminable, a la que llega un joven doctor recién graduado después de obtener las máximas calificaciones posibles. Allí entra en contacto con un mundo que nada tiene que ver con las luces de un Moscú que se pierde en el recuerdo. Es 1917.


Allí bajo la alargada sombra de Leopold Leopoldovich, su insigne predecesor en el cargo, sufrirá las primeras angustias al tener que enfrentarse a los problemas de salud de sus convecinos, sabedor de que no tiene la experiencia que le permita hacer lo mejor para sus pacientes. En las visitas, a cual más surrealista, se empieza a desarrollar un ambiente que combina lo expresionista con lo surrealista y grandes dosis de sangre que convierten a la serie en no apta para aprensivos.


También hay humor bastante negro y es que parece que dentro de ese ambiente opresivo del hospital, sin ningún sitio al que ir que esté a menos de medio día de viaje, y con la nieve cayendo con insistencia, es el único de los posibles, además de las dolencias de unos pacientes empeñados en solventarlo todo con unas gotas de lo que sea o un jarabe aunque se trate de una sífilis que les terminará matando.


De ahí a desarrollar una adicción sólo hay un paso y ahí el doctor maduro verá como fueron los inicios, mientras habla e interactúa con su yo joven, deparando algunas de las mejores escenas de la serie que, a ratos, marcha con un ritmo un tanto irregular a pesar de lo cual creo que merece la pena detenerse en ella.


Por cierto, que todavía no he dicho que la serie está basada en un grupo de relatos cortos salidos de la pluma de Mihail Bulgakov, escritor ruso que como Chejov, fue médico antes que escritor, y en los que dejó constancia de sus experiencias como médico también en un hospital dejado de la mano de todo el mundo. El ambiente surrealista que se respira en los relatos de Bulgakov, Sky Arts lo ha pasado a la pequeña pantalla. Habrá que ver la segunda temporada.