viernes, 27 de septiembre de 2013

The Bridge: El Puente hacia ninguna parte



Reconozco de antemano que tengo prejuicios negativos cuando escucho que Hollywood o cualquiera de las televisiones norteamericanas, preparar un remake de una historia de éxito, bien sea del cine clásico de los propios Estados Unidos o de alguna película o serie de televisión que haya tenido éxito en Europa.


A esa situación siempre me enfrento desde la actitud recelosa del “a ver qué crimen han cometido estos yanquis otra vez”, y con ese punto de vista me puse a ver la recién terminada (el último episodio se emitió el pasado día 26), The Bridge, remake de la magnífica Bron / Broen (El Puente) de la que ya me he ocupado en este mismo espacio.


Como ya he dicho otras veces en el blog, a veces me dejo llevar sin piedad a lomos de mi subjetividad y en este caso es lo que voy a hacer. Ya desde el minuto uno de The Bridge ya me dí cuenta de que el visionado de los 13 episodios iba a ser enormemente dificultoso y es que la pareja que forman la alemana Diane Kruger y el mexicano Damián Bichir, es absolutamente imposible. Hacía mucho tiempo que no veía a dos personajes tener menos química en pantalla que estos dos.


Probablemente condenados ambos a dar vida a unos personajes a los que se pretende dotar, supongo yo, de una profundidad psicológica que en ningún momento se llega a dar, y mucho menos si lo comparamos con las actuaciones que firman sus compañeros suecos y daneses en la serie original.


Con un espacio geográfico cargado de tanto dramatismo, sufrimiento, violencia y muerte, como es el que transcurre entre las ciudad mexicana de Ciudad Juárez, tristemente famosa por el femicidio, y la norteamericana de El Paso, la historia que nos dejan los guionistas carece totalmente de pulso, de agarre emocional, de algo que nos conmueva de alguna forma. Dicho sea esto en términos generales, porque sí es cierto que hay algunos momentos que tienen su impacto, pero son los menos.


Uno de los episodios no lo pude ver en televisión, así que me lo busqué en el océano de Internet y lo localicé en versión original subtitulada, y ahí me llevé una sorpresa que sí que no me esperaba, por negativa. Resulta que el actor mexicano en la versión original se le escucha hablar un inglés con acento norteamericano perfecto, mientras que su español está teñido de un acento también estadounidense que resulta tremendamente chocante. Del mismo modo, el doblaje al español con que se ha emitido por aquí es de meter miedo un rato largo.


En definitiva, fracaso total de la adaptación a tierras más soleadas de un drama teñido de gris nórdico, con un final especialmente chusco y que me vuelve a reafirmar en la profunda creencia de que para expresar sentimientos profundos no hace falta cargarse de muecas, ni dar unas voces de espanto. El histrionismo normalmente intenta enmascarar lo que falta de verdad.


Esta opinión totalmente subjetiva no coincide con la de algunos críticos televisivos de este país, que le vamos a hacer, ni al parecer con el criterio de la cadena norteamericana FX que ya ha anunciado una segunda temporada. En fin, es lo que hay.

Nota al pie: Ya solo faltan cuatro.