domingo, 1 de septiembre de 2013

Música zar, un ritmo milenario en peligro.



Las dificultades políticas y sociales por las que está atravesando Egipto, están poniendo contra las cuerdas al zar, una música milenaria antaño extendida por todo el Cuerno de África, y que ahora apenas si cultivan 25 personas en todo el país de los faraones y con un único local que la programa regularmente en El Cairo. Se trata de la sala Makan, el auténtico oasis para el zar.

Las convulsiones políticas se han venido a unir a la tradicional presión del islamismo radical hacia toda aquella manifestación cultural tachada de no seguir al pie de la letra los postulados del Corán. En este caso, por la relación que tiene la música zar con milenarios rituales animistas tan extendidos por el África negra, y por el poder que otorga a las mujeres.

Y es que son ellas las auténticas protagonistas de esos rituales y de cultivar y mantener un estilo musical en el que los hombres tienen un papel muy secundario o incluso no tienen ninguno en absoluto. Unos rituales pensados para mantener no solo la paz de espíritu de los músicos y los espectadores, sino también para contribuir a mantener la armonía y la paz en las comunidades.



Las creencias ancestrales de esa zona del continente africano, señalan que los humanos llevamos dentro unos espíritus que se manifiestan por medio de la enfermedad, de ahí que los rituales zar tengan un componente también curativo. A pesar de la importancia que pueda tener ese componente, seguramente es mucho más importante el hecho de ofrecer a las mujeres una válvula de escape en medio de unos corsés sociales que les imponen unos roles muy determinados y de los que no pueden salirse.

La música y el baile que lleva añadido, generan unos rituales que tienen mucho de catártico, de hecho es normal que los intérpretes acaben desplomados en el suelo en pleno proceso de trance, y proporcionen a las mujeres espacios de libertad de expresión. Sabido es que las interpretaciones rigoristas del Islam prohíben a las mujeres cantar y bailar.



En este caso, son las mujeres las intérpretes de unas canciones también compuestas por ellas, en las que además del árabe se intercalan palabras procedentes de antiguos idiomas ya olvidados y cuyo significado se ha perdido hace mucho tiempo.

La parte instrumental está formada por percusiones, la flauta, una especie de platillos que responden al nombre de gaza y un tipo de arpa cuyas representaciones aparecen ya en los frescos de las tumbas faraónicas.

Ahora mismo, los orígenes del zar son una incógnita de la misma forma que lo es su futuro oprimido entre los autoproclamados guardianes de las esencias y una modernidad inmisericorde en cuyos altares se quema todo aquello que suene a tradición, sin llegar a comprender que si hemos llegado hasta aquí ha sido gracias a la suma de todo lo anterior.


Nota al pie: Ya solo faltan 8.



3 comentarios:

Jesus Parra dijo...

Muy Buen Blog, soy tambien Amante del arte Exito! Estoy comenzado con mi blog personal de arte. podemos compartir enlaces. Saludos

Parrapjesus@gmail.com

balamgo dijo...

Ya se sabe, qué cuando hay guerras en un país, todo lo demás sobra y se trata con desprecio.
Abrazos.

Alfredo dijo...

JESÚS: Gracias por la visita, el comentario, y abrir la puerta al intercambio de visitas. Siempre es una alegría encontrar a personas con las que compartir gustos.

Un saludo!

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BALAMGO: Por desgracia la cultura casi nunca es una prioridad, y en situaciones de conflicto o de crisis, mucho menos.

Un abrazo!