lunes, 23 de julio de 2012

Jaime Labastida


La realidad y el sueño

Espesa turbulencia preside mis palabras.

Para mí, tú eres aún una doncella.

Dentro de mí, habito un nido de fantasmas,

un lecho de cigarras, casi un cielo infantil.


Tomándote los pechos, jugamos a ser niños.

Ríes. Rozo apenas tus párpados.

Inocente me miras.

Yo te beso en la boca y tu misterio se abre,

ávido de abrazos.

Mi cuerpo se abre en cruz.

Nuestras manos se estrechan.

Tu palpitante corazón deshoja mis latidos.

Dicen ser esto la alegría.

Yo te estrecho,

yo te estrecho.

Somos los dos turbias
bestias
crucificadas
en los brazos del otro.



El antiguo ensueño azul se desbarata.

He aquí la vida, hermosa y dura.

*****

Sobre el invierno

Bajo mi torso sonreías,

bajo mi abrazo.

Bajo mis ascendentes escaleras,

bajo las nupcias que a tu lecho llevan.

No es sombra ya mi corazón hecho badajo
que golpea la campana de mi tórax.

Mis huesos quieren descoyuntarse,

salirme enfurecidos hacia arriba,

abandonarme.


Mis huesos quieren danzar
en ritmos de alegría.

Y es que tengo con tu pasión queveres.


Tengo a tu cintura aprisionada.

Y un cielo azul muy duro
anuncia a nuestros vientos el invierno.

*****

3. No hay sitio en el que pueda...

No hay sitio en el que pueda

apoyar la sombra de mis pies

del que no brote sangre
coagulada en piedra,

esqueletos del aire abrazados al limo.

De muerte y barro antiguo mi alimento.

Y nosotros, ceniza.

Cuando toco tu torso

hay algo que se quiebra.

Cuando estrecho la mano del amigo,

siento que crujen
arquitecturas de cristal y hielo,

que los pinos se hienden.

Parece dialogara con ausentes:

galopa, cráneo adentro, la vigilia,

ánades furiosos baten mi cerebro.

No tengo paz,

ni soy feliz, ni nada.

¿Por qué esta mancha vegetal en la palabra?

Quizá arrebato esta mujer a otro hombre,

oh coágulo de tela, plumas, voces.



Cuando yazgo a tu lado, mujer,

brota un fantasma,

una mano sin huesos,

un cartílago muerto;

y entre mi boca y la tuya 

gritan y juran desahuciados hombres.

¿Cómo besar entonces

tu mirada de ola, tus axilas

definitivamente submarinas!

Parezco dormir sobre siniestros.

Riesgo es entonces la cosecha,
pequeña alcoba tu vida

que me duele, mujer,

en el constante insomnio.

1 comentario:

Balamgo dijo...

No conocía hasta ahora al poeta, pero me parece excelente. Me gusta su forma de decir las cosas.
Un abrazo.