martes, 17 de enero de 2012

Paul McCarthy: la violencia y el ketchup como símbolos sociales


Cabeza de tomate.

Blockhead (2003)
Mi trabajo no es una manifestación violenta. Trata sobre una violencia ficticia, del tipo que se puede ver en las películas. Empleo los mismos trucos, por ejemplo, las prótesis de plástico o una mano artificial. Uno de los personajes que aparecen en mis actuaciones, Big Robert, posee unas manos enormes. Al mismo tiempo, yo introduzco la mía en su interior para manejarlo. Lo golpeo con un movimiento convulso y repetitivo que produce un efecto hipnótico, durante el que sus dedos de látex se llegan a romper. Por un momento, el público se asusta. Puede que me haya cortado la mano. Es entonces cuando surge la duda. El público no sabe si reírse o asustarse ante la brutalidad de los golpes. Se ríen del chiste, de la enorme mano protésica, de la sangre artificial. Pero, al mismo tiempo, hay un elemento brutal y les incomoda que les haga gracia. Mi trabajo consiste en una especie de brutalidad virtual, ficticia.

Muchas de mis obras tratan sobre la violencia familiar, el abuso, la opresión y la dominación. La más frecuente es la relacionada con los niños. Sin embargo, no ilustro literalmente estos temas en mi trabajo, sino que, más bien, son asuntos que se evocan de un modo indirecto.

Painter (1995)
Hacia finales de los años 70, estaba más interesado en lo específico. Mis performances se orientaban hacia la realidad; después me interesé por la confusión entre la realidad y la ilusión. Comprendí que la necesidad de generar violencia, la necesidad de la violencia física, no correspondía a una realización específica. Me fui interesando cada vez más en representarla. Esa es la razón de que use ketchup. Lo utilizo como si fuese sangre y como símbolo de nuestra sociedad de consumo. También empleo sangre de verdad. Lo más interesante fue darme cuenta de que la sangre podía ser real o artificial de manera simultánea y el efecto era el mismo.

Utilizo el cuerpo como un receptáculo de los temores, la obsesión y el conflicto que se genera en nuestra sociedad, aunque no siempre poseo el control total durante una performance. Los elementos pueden interactuar entre sí y permitir que afloren o no diferentes emociones. Lo único que hago es establecer la situación, después permito que suceda lo inesperado, aquel fenómeno mental o físico que provoca una reacción con el cuerpo mismo.

Platform (2007)
Santa Chocolate Pop (1997)
No me interesa la simple idea de escandalizar. Intento crear imágenes que resulten evocadoras. Para que puedan existir, el público debe mostrar preocupación. Pero sí, tengo un cierto problema con el término escandalizar. Cuando planeo alguna de mis representaciones, jamás pienso en que puedan escandalizar a la gente. Hay ocasiones en que sucede lo contrario. Me escandaliza que algunas personas se escandalicen. Cuando menciono algún tabú, como el arquetipo del padre y el bestialismo en Garden (Jardín), donde una figura con los pantalones bajados se masturba contra un árbol, no intento romper el tabú, sino resaltarlo. Existen distintos niveles de reacción en función del individuo. A algunos les ofende y a otros les hace reflexionar. Las piezas no funcionan de la misma manera, aunque estoy menos interesado en la gente que pueda sentirse escandalizada y más en aquellos que estén dispuestos a pensar.

Para mí supone un cierto dilema. Mi trabajo cuestiona el abuso de poder, que a menudo tiene una conexión con el dinero. Ahora mis obras circulan entre los ricos y entre las instituciones dominadas por ellos. Irónico. Sin embargo, comparado con una producción cinematográfica, mi arte no cuesta tanto. ¿Que si me siento a gusto vendiendo mis creaciones a los millonarios? Eso depende de sus objetivos, de lo que hacen con su dinero y la manera en que lo obtienen. El tema no es nuevo. Los artistas, durante el Renacimiento, trabajaron para la Iglesia. La situación ahora resulta muy ambigua, aunque espero que la tecnología sea capaz de liberar la comunicación casi totalmente. Para el arte, Internet es una plataforma global que le otorga mayor poder.


3 comentarios:

PACO HIDALGO dijo...

Una auténtica continuación del Futurismo italiano de principios del siglo XX: el culto a la fuerza, a la violencia, a la velocidad y energía de los tiempos, eso es lo que me parece la obra de MacCarthy, aunque comparto algunas de sus reflexiones. Un abrazo, Alfredo.

CAS dijo...

Brutalidad virtual, evocación. Palabras que destaco especialmente.

Ahora bien, creo que en su caso me preocuparìa más por lo que se sienten incómodos, ahí es donde habría que trabajar más los por qués.
Por otra parte, no entiendo mucho esto de sensibilizar de este modo, cuando lo que se ve en los noticieros siendo real y muchas veces macabro, no sensibiliza ya a nadie. A veces entiendo más este tipo de arte, como catarsis. Pero claro esta, hablo desde el lado de un simple espectador (no se si sería de los que me voy o me quedo)que lee un interesante escrito sobre arte.
Que traigas este artículo a tu blog me parece fenomenal. ABRIR LA CABEZA, NO ME OLVIDO...jaja

besos!!

Alfredo dijo...

PACO: Ciertamente recoge elementos y situaciones con las que convivimos todos los días y los convierte en material artístico, en elementos para la reflexión.

Un abrazo!!

******

CAS: Vivimos en sociedades con una facilitad tremenda, al menos eso me parece a mí, para escandalizarse por elementos banales y mantenerse impertérrita ante situaciones realmente escandalosas. En fin, es lo que hay, supongo.

Un beso!!!