lunes, 28 de diciembre de 2009

Max (Menno Meyjes, 2003)

En un Munich de postguerra mundial, coinciden un marchante de arte judío, Max Rohtman (John Cusack) y un joven con pretensiones de artista de nombre Adolf Hitler (Noah Taylor), un encuentro que en la realidad nunca se produjo y Rothman es, asimismo, un personaje de ficción, pero que en la película sirven para contraponer dos visiones radicalmente distintas del mundo en general y del arte en particular.

Ambos personajes combatieron en la carnicería de Ypres, y ahí Rothman perdió su brazo derecho, y con él sus aspiraciones como artista por lo que toma el camino de convertirse en el marchante de expresionistas como Grosz o Max Ernst. Un personaje de familia acaudalada, casado con una aria y que no tiene especial apego a su tradición judía, sino que es un hombre mundano, marcado por la guerra y su barbarie y de ahí su aprecio por las obras de arte que denuncian ese sinsentido. Las obras de arte no tienen porque ser bonitas o tener buena técnica, tienen que ser honestas, le dice, poco más o menos, en un momento dado al cabo Hitler.


De todos es conocida la pretensión de Hitler de ganarse la vida como artista, pero las instituciones le cerraron las puertas a una enseñanza reglada, y en la película se le dibuja como un artista sin talento (que lo era) obsesionado con la guerra de una forma radicalmente diferente a la de Rothman. La guerra como higiene, como gloria, como espacio natural de una raza aria llamada a dominar el mundo, y llega a la conclusión de que el arte unido a la política, es igual a poder.

La película transcurre por unos caminos lánguidos, sin aristas reseñables, y en la que a ratos parece que se contempla con cierta complacencia (como hicieron millones de alemanes) el mensaje xenófobo de un chillón Hitler que estaba empezando a elaborar el pensamiento que luego reflejaría en Mi Lucha. Los dos personajes terminan siendo afectados dramáticamente por el radicalismo de unas ideas llamadas a despertar el orgullo alemán después de verse obligados a firmar la paz de Versalles.

Una película simplemente correcta, que contiene algunas reflexiones que pueden interesar a los aficionados al arte y poco más, y que termina completamente estropeada con un final absolutamente chusco.

3 comentarios:

calamanda dijo...

Hola,estaba encantada de leer este
estupendo artículo sobre esta película,pensaba que a lo mejor es
el último que nos regalas de cine
en este año que ya agota sus últimas horas, hasta que he leído
cuando nos dices que termina completamente estropeada y con un final absolutamente chusco...pero has despertado mi curiosidad y me
gustaría mucho verla.

Mis mejores deseos para ti...siempre.
¡FELIZ AÑO NUEVO 2010!

Un abrazo.

Alfredo dijo...

Gracias. En favor de la película diré que no llega a aburrir, y los amantes del arte encontramos algunos detalles que son interesantes y cómo la experiencia bélica condicionó la obra de algunos artistas.

Aunque tengo otros artículos sobre cine esperando para ver la luz, es bastante probable que este sea el último del año de esa materia.

Mis mejores deseos para que el 2010 te venga lleno de cosas buenas.

Un beso!!

Anónimo dijo...

Es un poco pretenciosa pero se puede ver con interés. El final es previsible pero no suma ni quita a esas alturas