viernes, 17 de abril de 2009

El libro negro (Kara kitap, Orhan Pamuk, 1985-1989)


Diecinueve escuetas palabras escritas en un papel. Eso es todo lo que Rüya le deja a su marido Galip cuando decide abandonarle. Y este abandono coincide con la misteriosa desaparición de su hermano, el famoso columnista Cêlal. En ese momento se inicia una búsqueda casi desesperada por las calles de un Estambul más que propicias para el desarrollo de una historia que muy bien se puede encuadrar en el género negro.

Una búsqueda que tiene mucho de metafísica, de un recorrer caminos oscuros la mayor parte de las veces por los laberintos del amor, de la propia identidad, pero también de la lectura, de la escritura. Identidad personal y también nacional en un país que se debate entre el pasado y el presente, y que no encuentra su lugar en el presente.

Pamuk disecciona el alma de la ciudad, de sus gentes, de sus noches, de sus subterráneos, que son los mismos que los de sus personajes, por medio de historias del pasado, de artículos periodísticos, de teorías filosóficas que buscan letras en los rostros de las personas. Con todo eso se teje una densísima tela de araña en la que todos los hilos, poco a poco (esta novela requiere de ciertas dosis de paciencia) nos van conduciendo a un final ciertamente capaz de mover a la emoción.

El recuerdo de otros tiempos, de un amor fraguado en la infancia, se convierte en dolor, en pérdida de puntos de referencia, en la conformación de una identidad que debe mucho a los que nos rodean, a sus cuentos, historias y la mirada que derraman sobre uno, a la memoria, a esa memoria que va cristalizando con el paso de las generaciones. El Uno no se puede construir sin el Otro.

Fragmentos

“Por fin soñé que era la persona que llevaba años queriendo ser. Justo en medio de esa vida a la que llamamos ‘sueño’, en el bosque de edificios de la fangosa ciudad, en un lugar entre las calles oscuras y caras más oscuras todavía. Me encontré contigo mientras dormía con el cansancio de la desdicha. Comprendí que podrías amarme aunque no me hubiera convertido en otro; comprendí la necesidad de aceptarme tal y como soy con las resignación que siento al observar mi fotografía de carnet; comprendí la inutilidad de luchar por ser otra persona: fuera en un sueño o en un cuento. A medida que caminamos se abren las calles oscuras y se apartan las casas terribles que penden sobre nuestras cabezas, a medida que caminamos las aceras y las tiendas cobran sentido.”

“¿Se han dado cuenta de que las aguas se están retirando del Bósforo? No lo creo. En estos días en que nos matamos unos a otros con la alegría y el entusiasmo de un niño que va a una feria, ¿quién de nosotros lee nada y se entera de lo que ocurre en el mundo? Incluso leemos a medias a nuestros columnistas en los muelles de los transbordadores en los que nos abrimos paso a codazos, en las paradas de los autobuses en las que nos apretujamos, en los asientos de los taxis colectivos con las letras bailando. Yo he leído la noticia en una revista francesa de geología.”

“Entonces, mientras regreso hacia las luces de la ciudad sin volver a encender mi cerilla y mientras pienso que esa es la mejor manera de enfrentarse a la muerte en el momento del desastre, llamaré amargamente a una amante lejana: Querida, preciosa mía, mi triste, ha llegado el momento de la gran catástrofe, ven a mí, ven dondequiera que estés, sea un despacho lleno de humo o en la cocina que apesta a cebolla de una casa que huele a colada, o en un revuelto dormitorio azul, ven dondequiera que estés, ha llegado el momento, ven a mí; ha llegado el momento de que esperemos la muerte abrazándonos con todas nuestras fuerzas en el silencio de una habitación en penumbra porque hemos echado las cortinas para olvidar la terrible catástrofe que se acerca.”

“Caminé por callejones que se cortaban en curvas irregulares, cada vez más estrechos y oscuros. Caminé escuchando el sonido de mis propios pasos entre ventanas de ciega oscuridad de casas sombrías cuyos caídos miradores las aproximaban entre sí. Caminé por aquellas calles completamente olvidadas que ni siquiera se atreven a pisar las manadas de perros callejeros, los somnolientos serenos, los drogadictos ni los mismos fantasmas.”

“Porque nada puede ser tan sorprendente como la vida. Excepto la escritura. Sí, por supuesto, excepto la escritura, el único consuelo.”

5 comentarios:

carmensabes dijo...

Este libro ciertamente es capaz de mover las emociones...casi seguro!!

Ya te diré, el fragmento, así parece, me ha gustado mucho el tema y la manera algo desgarrada de trasmitirlo...

Un besiño!!!!!

calamanda dijo...

¡Hola!Tiene muy buena pinta
el libro.Me gusta el tema que trata,la exposición del tema.Estas
historias me agradan y me gustan.
No sabía nada de este libro,seguro
que lo compraré y lo añadiré al
grupo que tengo todavía por leer.

Gracias por tus palabras.

Un abrazo.

CALAMANDA

Alfredo dijo...

CARMENSABES: Un libro en el que se ocultan muchos otros, múltiples historias, variadas lecturas. Caben muchas cosas y hay que moverse con sigilo por el laberinto.

Buen finde!!

*********

CALAMANDA: Es lo genial de los libros, que te puedes hacer con ellos y esperan pacientemente a que los podamos abrir, y ahí están, generosos en su silencio orgulloso, y el mar de hojas nos mece y nos enseña.

Besos!!

so dijo...

Lo leeré. Hoy precisamente hablaba de que me apetecía encontrar un libre que me llamase la atención.

Gracias de nuevo!
*Muy bonita la fota.

Alfredo dijo...

Espero que te guste. Lectura densa y por eso enormemente rica. Ya me contarás.

Buen finde!!