martes, 6 de enero de 2009

Los fabulosos Baker Boys (The fabulous Baker Boys, Steven Kloves, 1989)



Las mejores esencias vienen en recipientes pequeños. Eso es lo que uno siente cuando vuelve a ver Los fabulosos Baker Boys, una película pequeña, sencilla pero que contiene una esencia muy poderosa que se va liberando a ritmo de música de jazz y ambiente de club nocturno, mientras tres personajes buscan su particular motivación para seguir con un rumbo que no se sabe a dónde lleva.

Es la historia de la relación entre dos hermanos que llevan toda la vida tocando el piano juntos, y a los que la vida ha llevado a recalar en los clubes más desiertos de toda la ciudad, lugares convertidos en auténticos cementerios de un público apático, escaso y en decadencia. Eso obliga a Frank (Beau Bridges) y a Jack (Jeff Bridges) a replantearse la situación y a buscar una voz femenina, la de Suzie Diamond (Michelle Pfeiffer), lo que va a cambiar sus vidas, y no solo las musicales, de una manera dramática.

Frank es el cerebro del grupo, el que se ocupa de negociar los contratos, las actuaciones, y el que ve la música como el trabajo que le permite mantener su casa en las afueras, sus dos hijos y a su esposa, mientras que Frank arrastra la derrota como una sombra, parco en palabras y que siente como su vida se agota en cada nota. Suzie, por su parte, busca una salida a un oscuro pasado, y pone toda su belleza y sensualidad (que es mucha), y su alma, en cada canción.

Con ellos tres, el director va construyendo una historia en la que se dan la mano el romanticismo, los lados duros de la vida, el desamor, el cinismo, pero también la esperanza, la posibilidad de la redención, de subirse al autobús que les conduzca a nuevos lugares. Una película que oscila entre la oscuridad de los callejones de atrás de clubes de luces inciertas, y los interiores luminosos de hoteles de lujo, escenarios en los que se desarrollan relaciones tan humanas como la vida misma, con todas sus contradicciones y todas sus incertidumbres, sin perder un tono maduro, alejado totalmente de la moralina simple y fastidiosa.

Y es que el guión es espléndido, y la música es una protagonista más de una historia que tiene el punto de amargura justo. Una película que es más que la Pfeiffer embutida en un maravilloso vestido rojo, deslizándose por encima de un piano negro, mientras la vida está tocando con Frank, trasunto casi perfecto de aquel hombre del piano de la canción.



El hombre del piano. Ana Belén

3 comentarios:

claudio dijo...

Los invito a visitar mi blog en el podrán encontrar mis últimos trabajos en arte la dirección es la siguiente:

www.claudiotomassini.blogspot.com


Los saluda atentamente Claudio Tomassini

CASANDRA dijo...

Amigo: anoto el título para verla, y voy a por la música!!! un abrazo.

Alfredo dijo...

CLAUDIO: Gracias por la invitación y por la visita.

Saludos.

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CASANDRA: Ya me dirás que te ha parecido la película y su banda sonora. Espero que te gusten las dos.

Un beso!!