lunes, 10 de diciembre de 2007

Naufragio en toda regla



Nuestros náufragos deciden comerse a uno de ellos. Pero no pueden actuar como unos vulgares caníbales, hay que mantener las formas que la “civilización” obliga. Sigan cono nosotros varias estrategias en clave de comedia para llenarse el estómago.

Así presenta el grupo teatral madrileño Faro Teatro, su espectáculo En alta mar, que pude ver el pasado día 1 en la sala que la entidad bancaria Cajastur tiene en Oviedo. Leído eso y visto lo visto, la obra no se ajusta mucho a lo que se nos intenta vender, especialmente en eso de la “clave de comedia”, porque no puede decirse que el sentido del humor sea algo que define a ese espectáculo.

El caso es que se nos presenta a tres personajes, últimos pasajeros de una particular balsa de la Medusa, sin que se nos explique como es que han llegado a esa situación, ni cuánto tiempo llevan en alta mar, aunque por sus aspectos personales (aseados, afeitados, peinados y ropas impecables) no parece que lleven ni media hora, pero el caso es que tienen hambre y la mejor forma de saciarla es comiéndose a uno de ellos.

Ahí empieza el chusco desarrollo de un texto que nos dejan tan a la deriva como a los actores, sin que seamos capaces de adivinar el rumbo de todo aquello. Los tres empiezan una serie de disertaciones para intentar dar a un acto que consideramos inhumano, una pátina de seriedad. Cuando “el político” y el “lameculos” intentan convencer al “infeliz” (ahí caben unas cuantas interpretaciones relacionadas con el poder y las formas de manipulación de las masas), de que tiene que ser comido puesto que es el único de los tres que no es huérfano.

Cuando parece que la cosa va a desembocar en el trágico desenlace, se recurre a una especie de deus ex machina, en este caso encarnado en un cartero que llega hasta la balsa nadando (probablemente el momento más sin sentido dentro del desatino general) para entregarle una carta en la que se le comunica el deceso del único progenitor que le quedaba (no recuerdo si su madre o su padre, pero eso carece totalmente de importancia). Cartero que luego transmutará en criado, en otra aparición que resulta totalmente imposible. Entremedias el texto va transcurriendo para cumplir con la hora de duración del espectáculo.

Con el timón roto, la obra queda totalmente al pairo y esa es la sensación con la que abandonamos la sala. Calma chicha.

4 comentarios:

Milagros Sánchez dijo...

Según nos comentas en esta entrada, parece ser que no te quedó buen sabor de boca al terminar la función. Por todas estas peripecias por donde va transcurriendo la obra da la sensación de que este grupo no ha elegido un buen guión o no ha sabido adaptarlo o comunicárselo al público, desde luego algo falla.
Te dejo mis saludos y un beso.

Alfredo dijo...

Es posible que si en lugar de intentar tratarlo como una comedia, lo hubieran hecho en plan serio la cosa podría haber mejorado, pero es algo que ya nunca sabremos. Lo cierto es que el resultado fue cuando menos insulso y aburrido.

Un beso Mila!

Derbe dijo...

"En alta mar", de Slawomir Mrozek, es una de las joyas de la última época del teatro del absurdo. Se ha representado en España en incontables ocasiones, debido a su fácil puesta en escena, especialmente en la gran década del Teatro Independiente español (los años 70), pues la publicó la revista Primer Acto.

Sigue un patrón muy común en esa tendencia teatral, que es congregar a varias personas (muchas veces desconocidos entre sí) en una situación inverosimil y empezar a desplegar ciertas relaciones entre los humanos presentes.

Es una pieza que siempre se consideró teatro de "vanguardia", nunca comedia, pero es cierto que su tratamiento posee claras vetas de humor negro.

No sé si la compañía, en un intento por llamar la atención y congregar más público, "vendió" la imagen de comedia, en vez de vanguardia, pero por lo que cuentas, intuyo que respetaron el sentido primario de la obra y de ahí quizás la confusión...

Alfredo dijo...

DERBE: Muchas gracias por tu comentario en el que ofreces información muy interesante.

No sería la primera vez que viera una obra de teatro del absurdo, como Las sillas o La cantante calva, por citar sólo dos, representadas por grupos diferentes, y nada que ver con lo que pudimos ver en Oviedo. Porque que sea teatro del absurdo no significa que la obra caiga en el absurdo total, y lo digo en el sentido de que la puesta en escena no tenga ni pies ni cabeza, ni que los actores esté tirando a planos.

En cuanto a la comedia, fue el propio grupo el que la vendió así y en el programa de la obra decían: Sigan con nosotros varias estrategias en clave de comedia para llenarse el estómago.

Un saludo y muchas gracias otra vez.