lunes, 6 de agosto de 2007

Almas del nueve largo. Historias del Savoy (José Luis Alvite) (II)



Me lo había advertido: “Anduve algo apurada esta mañana, así que no te asustes si encuentras la casa un poco desordenada”. Se había quedado corta. La cama tenía el mismo aspecto que si hubiese intentado suicidarse con una granada de mano. Había ropa por todas partes. Yo creo que incluso estaba arrugada la tulipa de las lámparas de la mesita de noche. “Instálate, cielo, que yo salgo del cuarto de baño en un periquete”. Me senté en el borde de la cama, sobre la que había un montón de fotos cortadas a tijera y una taza con un rastro reseco de café abultado como el macramé de una cicatriz. Al poco rato salió ella del baño, envuelta en una toalla, con el pelo mojado y la respiración agitada como si acabase de emplear sus energías en arrancar la taza del retrete. “Métete en cama, ¿no?”, me dijo con una mezcla de sugerencia y de ultimátum. En un instante retiró la ropa de la cama y se deslizó dentro sin quitarse la toalla. Yo me descalcé, eché los pantalones sobre una silla ocupada por topa de tres civilizaciones distintas y me metí en cama con la camisa y los calcetines. El agua de su melena no tardó en empapar la almohada. “¿Te molesta que me meta en la cama con el pelo mojado?”. “En absoluto, ¡como si quieres traerte también el grifo!”, contesté con ánimo de distender la situación.

Entonces se hizo un largo silencio, se incorporó en la cama sujetando la toalla con una mano sobre el pecho y soltó la gran traca de preguntas: “¿Te parezco una fresca?, ¿qué piensas de mí?, ¿crees que una toalla de rayas me haría más delgada?, ¿por qué no te quitas al menos los calcetines? “. “Creo que eres una chica estupenda, que aparentas diez años menos de los que aceptarías con gusto y estoy seguro de que serías la envidia de las demás si te presentases a cenar en un restaurante vestida con esa toalla de baño, que te hace más delgada que tus huesos. Y en cuanto a los calcetines, te juro que son lo mejor de mi cuerpo”. Fue un éxito. Ella ladeó su cabeza sobre mi pecho y se ciñó la toalla con ese gesto tan femenino con el que las mujeres disimulan con descaro sus flaquezas. Yo tenía el cuerpo caliente y la cabeza empapada en el agua de la almohada. Sospeché que acabaría resfriado. Y que aquella aventura sería algo chocante, como haber pasado la noche estornudando en una panadería. También pensé que nunca me había metido en una cama tan revuelta. Y que con tanto ajuar seria como haberle propuesto relaciones sexuales a Lawrence de Arabia. “¿Sabes, cielo?, no me lo vas a creer, pero la última vez que hice el amor, aquel tipo me dio tanto asco que me pasé una semana yendo al baño con las piernas cruzadas”. “¡Caray!, ¿en vez de un orgasmo tuviste un cólico?”…

8 comentarios:

Milagros Sánchez dijo...

Buen texto, me ha gustado mucho leerlo. José Luis Alvite es buen escritor, además de periodista.

Saluditos de por la mañana :o)

Alfredo dijo...

Es un escrito visceral, vamos que escribe probablemente como catarsis, dando escapatoria a sus fantasmas, quien sabe si como diálisis incluso.

Me alegra que te haya gustado.

Ciao!

Luna Agua dijo...

Entretenido relato que escogiste.
Una inteligente forma que usa el personaje para romper el hielo, sobre todo el que los calcetines es lo mejor que tiene.


a propòsito, en general a los hombres les cuesta sacarse los calcetines al hacer el amor...¿Será por el apuro?



saludos

Sonrisa de luna dijo...

que no me asustes?, jaaaaaaaaaaaaa estoy a punto de tirarte por la ventana, jajaja pero muchacho mira como has dejado todo perdido, ainssssssssss, si es que a ti no se te puede dejar solo ni un instante , ajajajajajajaj
besitos cielo que pases un mu mu mu pero que requetemu buen dia, josuuuuuuuuuu que anima estoy hoy yo, ajajajajjaja, muack

Corazón Coraza dijo...

AYY! Asturiano vos me vas a matar...yo me perdí un capítulo..pero de verdad ..me parece!! jaja!..Esto viene desde lo de Marlango o de lo de Najwa?? ...mmm...no, no?? nada que ver??.......Es de un libro en particular..no??De Almas del nueve largo...Historias del Savoy.....mmmmmm...........
Bueno decirte que este "Fragmento" me re gustó!...este escritor no lo conocía, Luis Alvite...pero me gusta su forma "de decir" ...ja! y me reí un montón con todo ese tema de la toalla...y de la almohada mojada!! jajajjaja!!...y la mujer preguntano si se vaía bien..con "esa" a rayas...jaja...nosé..pero me llegó...¿me habré sentido tocada??...mmmmm....jajaja!! Lo que sea! me re gustó!!
Y la música la elegís vos'? Está buenisima...siemrpe me imaginé estando en una de esas confiterías y poder escuchar cantar a uno de esos re negretess..con esa vos...tan potenteee!! y esa cosa que te agarra acá dentro...escuchar cantar y tocar también...Saxo!!!...m.mmm....No quiero decir nada... bueno como me pasó con lo del Maraton... pero esta que canta...esos lugares....tuiene que ver con lo qué es el SAVOY?? ....mmm....
Esta señora se llama Sara...qué más??? :S....
Bueno Asturiano..que al final me lío yo...como dicen ustedes...y termino liandoe a vos...seguro! Disculpa!! >;)
Ha! y decirte que me bajé las pelis "Lucía y el sexo" y "los amantes del círculo polar"....!!
Tengo unas ganas de verlass!! pero hasta que no esté en "mi casita" nueva...no creo que lo haga... porque ahora mi "casa" es un caoss!
Buneo...besotesss asturianoo!

Alfredo dijo...

Luna agua. Una de las imágenes más absolutamente desagradables para mí, es ver o estar completamente desnudo y conservar los calcetines puestos. Así que después de los zapatos, debería de ser lo primero en quitarse.

En este relato, Alvite traza un bodegón fantástico de sexo caótico y casi desesperado. Me gusta mucho la atmósfera que da a sus relatos.

Saludos!

Alfredo dijo...

Hola loquita del volante, que ya te he leído y comentado y das mucho miedito, jejejeje. Tienes tu más peligro que un hombre solo en la cocina con todos esos chismes empeñados en tener vida propia y en no lavarse ellos solitos. A ver cuando aprenden modales higiénicos.

Ya me gustaría tener hoy el ánimo que desprende tu comentario. A ver si consigo que se me contagie algo.

Ciao!

Alfredo dijo...

Hola Corazón Coraza. Esta semana, si no cambio de idea por algo, será monográfico Alvite y es que sus relatos me gustan mucho, con esos ambientes y atmósferas que describe con precisión de cirujano y con un cinismo sólo comparable la de los grandes de la novela negra.

Clubes de jazz como el que se ve en la palícula Cotton Club, por ejemplo, con grandes trompetistas y voces maravillosas para cantar a la desesperanza y la derrota.

La cantante es Sarah Vaughan, una de las grandes voces del blues y el jazz, escogida directamente por el que esto escribe.

Que te vaya bien la mudanza, que esas cosas siempre son un tanto pesaditas.

Ciao!