lunes, 13 de octubre de 2014

The Americans ¿sólo una serie sobre espías?




Con dos temporadas y una tercera ya anunciada, se ha metido por derecho propio en todas las listas de las series más destacadas del momento. Para el titular he planteado una pregunta de esas que para mí tienen una respuesta clara y contundente: no.


Claramente The Americans no es sólo una serie sobre un matrimonio de espías rusos, con dos hijos, y que viven perfectamente integrados en el American way of life, lo que les da una tapadera perfecta para obtener información sensible con la que mantener a la Madre Rusia viva en la batalla contra el Gran Satán capitalista en los años 80, o, cuando hace falta, eliminar a quien se interponga en el medio.


The Americans es mucho más que eso, es una serie sobre los afectos, sobre la protección de la familia, sobre los dilemas morales que todos los personajes van a tener que afrontar en un momento u otro de la serie, de si la familia está por encima de todo o lo está el patriotismo, sobre si los sentimientos tienen que ser lo primordial y apostar todas las fichas a ellos o, si por el contrario, hay renuncias que son inevitables en nombre de palabras tan grandes y probablemente vacías, como la patria o el deber.


Todos los personajes viven inmersos en dos universos paralelos que cuando se rozan, saltan chispas por todos lados hasta convertir a la serie en todo un drama psicológico y vital, en el que las decisiones que se toman en uno de los ámbitos, por pequeñas que puedan parecer, terminan por desencadenar tormentas perfectas en el universo personal.


Ello en un mundo en el que el engaño, los silencios, las mentiras, las ocultaciones de información o de personalidad, hacen que los contornos se difuminen y el andar por el filo del abismo sea una sensación de lo más habitual, y lo que es mejor, al menos para mi gusto, con un ritmo pausado sin más efectismos de los necesarios y con un alto nivel de impredecibilidad en el desarrollo de unas tramas que van encajando unas con otras con pasmosa facilidad.


El final de la segunda temporada ha dejado la puerta abierta a una tercera en la que suponemos que el papel de la hija adolescente del matrimonio de espías soviéticos, Paige, va a cobrar un protagonismo fundamental después de que en esta segunda haya tenido ya una presencia bastante inquietante.



Si la primera temporada fue buena, esta segunda podemos decir que la ha superado, de la tercera esperamos  que entre de lleno en el terreno de la excelencia.